6 mitos sobre el consumo de sal (y cuál es la cantidad recomendada al día)

Ciencia – dieta alimenticia

EN POCAS PALABRAS

Reflexiones está dirigida a traer información periodística e histórica actualizada sobre salud, ciencia, cultura y tecnología de medios de comunicación escritos de todo el mundo. Respaldada en sus definiciones didácticas por portales especializados en esos temas.

El diseño de esta entrada viene con el formato tipo tabloide, con cinco segmentos distribuidos así: la definición del tema con su imagen; la reseña de la información periodística; datos sobre el título escogido; la transcripción de la noticia, y los créditos.

La sal o cloruro sódico (ClNa) está compuesta aproximadamente de un 40% de sodio y un 60% de cloro.

La sal, es la mayor fuente de sodio de nuestra dieta (> 90%).

Pero hay otra pequeña parte de sodio que se ingiere también a través de las comidas, y que se añade a los alimentos en los procesos de fabricación. Son los aditivos, saborizantes o conservantes.

(Por ejemplo, el monosodio de glutamato, que se usa como potenciador del sabor).

En la sal, el sabor salado corresponde al cloro (otras formas de sodio o sales, no tiene el mismo sabor).

La percepción y aprendizaje de lo salado se va formando con el tiempo en función de la intensidad, naturaleza, concentración de la sal y hábitos, que estimulan los receptores y esta percepción es variable y puede modificarse.

Diferencia entre sal marina y sal común. Foto de salnoche.com 

Nada más oportuno, en esta época de fin de años, que esta noticia de la BBC, que nos trae consejos y conceptos de entidades de salud, en la que nos advierten de los efectos que trae el consumir la sal.

La noticia fue redactada por la redacción de BBC News Mundo. En ella fuera de los consejos nos trae algunas opiniones que dan las autoridades mundiales de salud.

En el campo científico copio algunos datos que nos hablan de la sal común y la sal marina del portal fundacionbengoa:

1 La sabiduría popular señala a la sal marina como menos dañina que la sal común. Sin embargo, una reciente investigación llevada a cabo en el Reino Unido niega esta concepción.

2 A pesar de que se suele presentar a la primera como un producto natural y más sano, tienen exactamente la misma composición química que la sal de mesa.

3 El estudio lo condujo la revista Which y la organización de apoyo al consumidor llamada Consenso en la acción sobre la sal y la salud (CASH, por sus siglas en inglés).

Erróneamente se ha afirmado que la sal marina no es perjudicial o que contiene sustancias más beneficiosas para la salud que la sal común, ya que no ha sido procesada.

4 No obstante, la conclusión principal que obtuvieron los especialistas es que no se encontraron diferencias entre el producto común y las marcas gastronómicas de sal de roca y sal marina.

5 Es cierto que la sal marina y la sal de mesa no son exactamente iguales.

La primera goza actualmente de gran popularidad en el mundo gastronómico por ser ampliamente utilizada al adobar carnes para parrillas y barbacoas, y suele ser la elección de quienes cuidan su salud. 

6 Sin embargo, lo que tienen en común es su contenido de sodio, ambas poseen aproximadamente 40%.

Es importante tener clara esta información para no consumir en exceso la sal marina, ya que esto aumentaría el riesgo de desarrollar presión arterial elevada y, en consecuencia, enfermedades relacionadas con el corazón.



NOTA: las partes que van en negritas y subrayadas son interpretaciones de esta transcripción del autor de este sitio.



6 mitos sobre el consumo de sal (y cuál es la cantidad recomendada al día)

Redacción BBC News Mundo

Elimina el salero de tu mesa, si buscas reducir el consumo de sal.

A medida que se acercan las fiestas, muchos comienzan a mirar su dieta con más atención para mantener el peso a raya, dado que asumen que, con toda seguridad, se pondrán encima un par de kilos, por los excesos de fin de año.

La atención suele estar enfocada en el consumo de hidratos de carbono, azúcares y grasas, y poca veces en la sal, un mineral que no engorda pero que puede provocar daños en nuestra salud cuando consumimos más de lo que deberíamos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ingesta de sal en adultos no debe superar los cinco gramos por día (el equivalente a aproximadamente dos gramos de sodio), para reducir la presión arterial y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Reducir la ingesta de sal no es tan difícil como parece, pero antes de ver cómo hacerlo despejemos algunos de los mitos más difundidos sobre el producto más usado en la gastronomía mundial.

1. En un día caluroso, si transpiras mucho, necesitas agregarle más sal a tu comida

Si bien es cierto que al sudar eliminamos cloruro de sodio, la cantidad es muy poca como para que necesitemos ingerir cantidades adicionales de sal.

Si el calor te ha hecho sudar más de lo habitual, es importante beber mucha agua.

Una dieta rica en minerales y otros nutrientes será suficiente para recuperar las sales que has perdido.

No agregues sal antes de probar la comida.

En el caso de haber sudado en exceso por haber hecho ejercicio, la situación es un poco diferente, pero todo depende en realidad de cuánto ejercicio hayas hecho.

De acuerdo a la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, si eres un trabajador manual que cumple un turno de 8 o 12 horas, puede que pierdas por la transpiración bastante sodio al día y puedas consumir una cantidad superior a la recomendada.

Pero si eres una persona generalmente sedentaria que hace en promedio unos 30 minutos de ejercicio al día, y sigues una dieta típica, lo más probable es que estés de por sí consumiendo demasiada sal, con lo cual no hay ninguna razón para que añadas más en tu dieta.

2. La comida sin sal no sabe a nada

Esto solo es cierto en un principio, si estás acostumbrado a comer con bastante sal.

Se debe a que las papilas gustativas tardan un tiempo en acostumbrarse.

Sin embargo, una vez que te habitúas a ingerir alimentos menos salados, es posible incluso que disfrutes más de la comida y descubras nuevos sabores que no habías notado antes por culpa del exceso de sal.

Aprende a cocinar con hierbas y especies para darle otro sabor a tus comidas.

Cocinar con menos sal (o sin ella) es además una buena excusa para experimentar con especias conocidas y para atreverte a probar otras que te resulten menos familiares.

3. Los alimentos con alto contenido de sal tienen un sabor bastante salado

En absoluto.

Muchos alimentos ricos en sal pueden no parecerte salados porque pueden tener otros ingredientes como azúcares, que disimulan la sal.

Lo mejor para entender cuánta sal tienen los alimentos es leer el contenido de sodio de las etiquetas y no dejarte llevar simplemente por su sabor.

También debes tener en cuenta de que hay alimentos que pueden contribuir con bastante sal a tu dieta, pero no porque tengan necesariamente mucha, sino porque solemos comerlos en mucha cantidad, explica el Servicio Nacional de Salud Británico (NHS, por sus siglas en inglés) como por ejemplo el pan o los cereales para el desayuno.

4. Solo las personas mayores deben preocuparse por el consumo de sal

No es así.

Cuando empiezas a come con menos sal, puede que no le sientas mucho gusto a la comida, pero con el tiempo tus papilas gustativas se adaptarán, y la sal ya no te hará tanta falta.

Según explica la OMS, comer mucha sal puede elevar la presión sanguínea a cualquier edad.

Pero además, si acostumbramos a los niños a no comer con mucha sal, nos aseguramos de que no desarrollen una predilección por los alimentos salados.

5. Reducir la sal puede ser malo para la salud

El sodio, el elemento clave que se encuentra en la sal, es fundamental para que nuestro organismo funcione de manera correcta.

Pero lo cierto es que, históricamente, la mayor parte de las poblaciones han ingerido más sal de la recomendada.

Es poco probable que reducir la sal afecte tu salud negativamente porque, de hecho, es muy difícil comer poca sal: la mayoría de alimentos que consumimos a diario contienen sal.

6. Consumir menos de 5 gramos como sugiere la OMS (o 6 gramos como recomiendan algunos gobiernos) es imposible

Quienes le ponen sal a todo, se llevan las manos a la cabeza cuando escuchan que la cantidad diaria recomendada equivale a un poco menos que una cucharita de té.

Es bueno que los niños se acostumbren de pequeños a comer con poca sal, así no desarrollan una predilección por los alimentos salados.

Pero si te lo propones, hay muchas cosas que puedes hacer para reducir la ingesta. Estos son algunos consejos que te pueden resultar útiles:

-No abuses de las salsas, sobre todo la salsa de soja, que suelen tener un contenido elevado de sal. Las salsas de tomate suelen tener menos sal que las que incluyen queso, aceitunas, tocino o jamón.

-Reemplaza las barras de cereal, papas fritas y otros pasabocas con mucha sal, por bastoncillos de verduras, frutos secos sin sal u otros alimentos sin sal.

-Reemplaza la sal en la preparación de comidas por hierbas frescas y especias, como mencionamos antes.

-Nunca le añadas sal a la comida sin antes probarla.

-No tengas un salero en la mesa (a veces la pereza de levantarte para buscar la sal juega en tu favor).

-Si vas a consumir productos procesados, compara las etiquetas antes de comprar y elige los de menor contenido de sodio.

CRÉDITOS

Textos y fotos de BBC noticias. (2020). (en línea).

Recuperado de www.bbc.com/mundo

Texto de apartes de datos para tener en cuenta son del portal  fundacionbengoa. (2020). (en línea).

Recuperado de {2612/20}. www.fundacionbengoa.org/informacion_nutricion/sal.asp Sal común vs. sal marina – FUNDACIÓN BENGOA  

La imagen de la portada es de GETTY IMAGES  

La imagen interior es de

salnoche.com